Sitio Oficial del Festival de Literatura de Copenhague 2016

José Ignacio Díaz de Rábago Villar

José Ignacio Díaz de Rabago Villar

España. Reside en Copenhague. Estudia filología hispánica y artes plásticas. Gana en 1985 el primer premio de poesía en el certamen convocado por el Instituto Español de Emigración. Ha publicado los libros Poemas del instante y Molinos de papel y viento. En el presente ultima la edición del poemario Humaredas. Reconocido artista plástico, su obra se expone con regularidad en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Breves apuntes sobre algunos aspectos esenciales del lenguaje poético

Agradezco a los organizadores de este Festival de Poesía la invitación para que hable de mi experiencia como poeta, poeta que escribe poesía en su lengua materna y vive inmerso en una lengua que le es ajena.

Es por ello que no trataré en esta charla de temas eruditos -de semiótica, de Jacques Derrida o del Dios azul de Juan Ramón Jimenez- temas en los que además no soy experto, ya que aunque estudié filología hispánica, mi profesión desde hace más de cuarenta años es la de artista plástico. Hablaré de temas más pragmáticos, pero en los que sí puedo presumir de experto, porque el conocimiento que tengo de ellos nace de mi propia experiencia. De dos virtudes, a mi entender, esenciales del lenguaje poético: la libertad y la atemporalidad. Virtudes que, valga la paradoja, por obvias parecen obviadas por los responsables del poder político y cultural. Dicho olvido, sea interesado o no, afecta gravemente a aquellos que escribimos poesía y que, debido a diversos motivos, lo hacemos como exiliados.

¿Debe la lengua imponerse por obligación argumentando razones respetables, como puede ser la de la integración en un contexto cultural extraño? O por el contrario ¿habita en el alma del lenguaje una libertad esencial -como nos recuerda el articulo segundo de la Declaración Universal de los Derechos Fundamentales— que es contraria a la palabra imposición?… Y ¿aprende el niño a decir papá y mamá por amor o por obligación?

¿Tiene la poesía edad? y ¿qué es lo importante la edad del poeta o la del poema? Si lo importante fuese que la poesía —no el poeta- fuese joven ¿cómo justificar, entonces, que el 90 % de los concursos —incluido el premio Adonais— sean para menores de 33 años? Y si el 90% de dichos concursos fuese sólo para los blancos o sólo para los negros, o sólo para los cojos o sólo para los tuertos ¿no supondría este hecho una forma esperpéntica de discriminación y de racismo cultural?

Agradezco pues la plataforma que me ofrece este Festival para denunciar con palabras directas y sencillas, unas circunstancias que, conforme a mi experiencia, inciden negativamente en la vocación y en la producción poética de todos aquellos que nos dedicamos a este oficio. Vocación, oficio o pasatiempo que es al arte de escribir a destiempo y fuera de lugar.

 

Fotografía©Lorenzo Hernández